Claudia observa el abismo que tiene ante ella. Sólo hay un camino para atravesarlo: un cable de acero. Nunca ha hecho funambulismo, pero eso no la va a detener. Debe llegar al otro lado, donde le espera el templo de la Primera Princesa Priscila con sus trampas, su laberinto y, por supuesto, sus tesoros. Las leyendas cuentan que no hay nada comparable y, de momento, todo se ha cumplido. Se estremece sólo de pensarlo.
Pero primero debe atravesar el precipicio. Mira hacia abajo. El río lleno de agua salpica y moja el cable, haciéndolo muy resbaladizo, así que va con cuidado. Pone los brazos en cruz como ha visto en muchas películas para mantener el equilibrio. Y avanza. Un paso cada vez. Va por la mitad del camino cuando escucha una voz procedente de la jungla.
- Claudia, cariño - le dice suavemente su madre -, ¿por qué no dejas de hacer equilibrios por las juntas de las baldosas y te sientas?
- Pero debo conseguir el tesoro de la Primera Princesa Priscila - contesta ella señalando lo que su padre tiene en las manos.
- Toma - dice él dándole un vaso de zumo recién exprimido -. Y ahora haz caso a tu madre.
- Sí, papá - contesta ella antes de sentarse a beberse su trofeo.
Está fresquito y le dará fuerzas para atravesar la Gran Catarata de Agua Caliente, caminar hasta la Mansión del Conocimiento y resolver los puzzles del Preguntador Maestro. Pero esas aventuras empezarán después del desayuno.
viernes, 23 de octubre de 2015
Cuento: La gran aventura de una pequeña exploradora
viernes, 3 de julio de 2015
Cuento: Procastinador profesional
- Mañana lo haré - contestó Juan con desgana sin levantarse de la hamaca que había improvisado.
- ¡Ya cantó mañana el niño! - dijo Jose Luis negando con la cabeza -. Llevas más de una semana diciendo lo mismo y nunca lo haces. Te sientas ahí todo el día y no das un palo al agua.
- Eso no es cierto - dijo sin mover un solo músculo -. Ya está todo en marcha. Simplemente, no queda nada urgente o importante por hacer. No hay prisa.
- ¡Pues hazme el informe económico de ventas del mes pasado, maldito cantamañanas!
- Mira a tu alrededor, Jose Luis - contestó Juan suavemente levantándose y cogiendo por los hombros al señor bajito y calvo que tenía delante y que trataba de parecer digno vestido con los restos de un traje de chaqueta que en otro momento había sido oscuro -. Estamos en una isla, solos y apartados de cualquier ruta marítima. Todos creen que estamos muertos. Gracias al estanque y al huerto que he plantado tenemos agua y comida en abundancia. ¿Para qué quieres ese informe? ¿A quién se lo piensas entregar?
- ¿Y si vienen a rescatarnos y nos lo piden? - preguntó desesperado, metiéndose algo en la boca -. ¿Qué les diremos?
- Ven, siéntate conmigo aquí a la sombra - contestó Juan quitándole con cuidado unas bayas de color sospechoso de las manos y tirándolas a un lado -. Sólo hay que decirles que mañana se lo entregamos. Estoy seguro de que lo comprenderán.
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Lola Piera me pidió un cuento que contuviese una sola palabra: cantamañanas. Pero claro, poner sólo ese adjetivo descalificativo es muy sencillo, así que se me ocurrió buscar la etimología. Sí, está en la segunda línea del relato. Curioso que una frase hecha acabe como una palabra, ¿verdad?
Y, por supuesto, el lunes pasarán cosas. Pero antes espero vuestros comentarios y vuestras palabras para nuevos cuentos
viernes, 26 de junio de 2015
5 Microcuentos de terror de 140 caracteres
Esto es un pequeño juego que me propuso Jorge de www.Espanorsk.com. ¿Cuántas palabras hacen falta para que un cuento dé miedo? Así que he intentado hacer varios cuentos que cupiesen en un mensaje de Twitter: 140 caracteres. Aquí los tenéis:
Soledad
Solía pensar que nada daba más miedo que la soledad, hasta que descubrí que mi sombra nunca deja de observarme.
Ascensores
Para no pensar en el miedo a los ascensores, solía hacer muecas frente al espejo. Hasta que un día mi reflejo no me devolvió el gesto.
Atento a las señales
Me ha llegado un mensaje al móvil. Dice que baje antes de la 5ª parada o moriré. Será enviado desde mi móvil dentro de una hora.
A quién vas a hacer caso
Las voces en mi cabeza me repetían que matara a todo el mundo. Ya se han callado, pero no queda nadie a quien contárselo.
El despiste
Es fácil saltar de un avión. Lo complicado es aterrizar sano y salvo y hace falta lo que olvidamos en tierra: un paracaídas.
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¿Alguno os ha dado miedo? ¿Os han gustado? Espero vuestros retos, comentarios y que, si os ha dado un escalofrío, que lo compartáis. ¡Gracias!
viernes, 19 de junio de 2015
Cuento: Un viaje no demasiado largo
- ¿Me dejáis ir a la luna? - dijo Álvaro saliendo al jardín.
- ¿Con quién vas? - le contestó su madre.
- Con Hugo, el chico nuevo que te dije.
- Está bien - le contestó ella ofreciéndole una mejilla y señalándosela con un dedo -, pero no te metas en líos.
- ¡Gracias! - dijo el niño corriendo hasta ella para darle un beso.
- Y saca a Rolo a pasear - añadió su padre. Sin saber cómo, también le cayó un beso.
- ¡Claro! - dijo el niño.
- ¡Y a cenar a casa! - gritó ella.
- ¡Sí, mamá! - contestó el pequeño mientras se cambiaba de zapatos y cogía la correa del perro -. ¡Vamos, Rolo!
Fueron corriendo hasta el descampado de siempre, un hueco en medio de dos casas lleno de arena y piedras blancas. Allí les esperaba Hugo, de pie, con su mono gris y su casco de cristal. Su platillo volante plateado seguía flotando unos centímetros por encima del suelo, silencioso, reluciente y con la rampa desplegada.
- ¿Hasta qué hora tenemos? - preguntó el chico astronauta.
- Hasta la cena.
- Pues subid y poneos los trajes, ¡que no llegamos!
Como podéis ver, ¡está en 3D! Yo creo que la ilustración es mejor que el cuento, como siempre. Y a vosotros, ¿qué os gusta más?
Ya sabéis, comentad y, si os gusta, ¡compartid!
viernes, 12 de junio de 2015
Cuento: La costumbre
Los tonos rojos, naranjas y amarillos del amanecer se apagaron. Las nubes matutinas salieron desde detrás de las montañas para aislar el valle del sol, dejando en su lugar un cielo gris, casi negro. Una promesa de tormenta.
Algo se desperezó en el bosque, bostezó y se acercó al cristal de cuarzo gigante que había en medio de un claro bastante escondido. Estaba oscuro y frío al tacto. El ser miró al cielo y negó con la cabeza. Tenía que arreglarlo. Sacó un trozo de carbón vegetal y una libreta de un zurrón y le pidió a las nubes que se quedaran quietas. Ellas, por puro respeto, se pararon. Apenas tardó un instante en hacer un esbozo con líneas y manchas. Unos segundos después aquel dibujo era más real que el propio cielo.
Entonces sopló sobre el papel y las nubes, riéndose con truenos por las cosquillas, se apartaron y se abrieron despacio, al mismo tiempo que la hoja se volvía blanca de nuevo. Un cielo azul y luminoso se asomó por los huecos de las nubes que quedaban, todas blancas, juguetonas y con formas de animales.
Cuando todo acabó, el sol se asomó y un rayo de luz aterrizó sobre el cristal, que empezó a brillar.
- Buenos días - susurró la criatura, poniendo con cuidado su mano sobre uno de las lados -. ¿Cómo has dormido?
- Bien - contestó una imagen semitransparente desde dentro del cristal, acercando una mano fantasmal a la real. Sonreía -. Gracias por despertarme así cada mañana.
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Cuando le pedí a mi compañera de trabajo Elisa palabras para hacer un cuento me dijo: "De acuerdo. Pero te voy a poner un reto. Tienes que usar Cielo y Carbón, pero no puedes relacionarlos con el humo del carbón o contaminación o algo así".
Así que aquí tenéis el cuento. ¿Os gusta? Pues, ¡comentad y compartid!
PD: Sigo aceptando palabras y condiciones para hacer un cuento que me podéis en los comentarios, por correo o por cualquier otro medio de comunicación que tengáis a mano.*
* El tam-tam, las señales de humo y el código Morse los tengo bastante oxidados, pero haré lo que pueda.
sábado, 9 de mayo de 2015
Cuento: Memorias de una chica
La muchacha cogió una taza, la llenó de una infusión de regaliz con matices de menta y anís y se preparó para tallar los dados de alabastro. Después, con un clavo y mucha paciencia, fue dibujando las runas de lo que sería, a la postre, su última misiva.
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Ayer os presenté el cuento El Gran Descifrador que creé con las palabras que Ampa IES Eduardo Merelló ( @EAmpa ) me propuso a través de Twitter (alabastro, misiva, matiz, taza y muchacha). Cómo no, tenía un segundo microcuento que se enmarca dentro del mismo universo (o no, según prefiráis cada uno) y que también usaba esas cinco palabras. Espero que lo disfrutéis.
viernes, 8 de mayo de 2015
Cuento: El Gran Descifrador
- ¿El siguiente? - preguntó el Gran Descifrador sin levantar la vista del papel que estaba escribiendo. Era el único que aún conocía el lenguaje antiguo y por eso, cada vez que aparecía una reliquia de los viejos tiempos, acudían a él.
- Creo que yo, señor - dijo el anciano señor Rodolfo abriendo la puerta con cuidado. Había sido un hombre fornido, pero sus no menos de ochenta años lo habían encorvado un poco y habían sugerido a su pelo blanco que se ausentara de su cabeza un poco más de lo que a él le gustaría.
- Por favor, tome asiento.
- Creo que han encontrado algo de mi hija - dijo el anciano sentándose en una silla frente a él y dejando un saquito de piel encima de la mesa -. En las catacumbas del templo ha aparecido una cápsula del tiempo muy antigua. Tenía su sello. Pero nadie sabe lo que dice. Quizá usted pueda ayudarme.
- Veamos qué hay aquí - dijo el Gran Descifrador apartando el papel y esparciendo el contenido sobre la mesa: un montón de rocas cúbicas de apenas unos centímetros de lado llenas de marcas que parecían casi aleatorias. Se colocó las gafas redondas sobre la nariz, dio un sorbo a la taza de té caliente y ajustó la distancia entre la tripleta ojos, lupa y piedras hasta que pude ver con claridad.
- Es la escritura vieja del valle - dijo tras echar una ojeada rápida -. Dice así: “A falta de lápiz y papel - leyó, dando vueltas despacio a uno de los dados -, uso el clavo y el martillo sobre estas piezas de alabastro para dejarte mi última misiva. No llores por mí, padre, pues aunque sólo era una muchacha cuando me fui, he crecido sana. He tenido una buena vida aunque no haya podido conocer varón o criado una familia. La misión que me fue asignada lo ha sido todo y creo que la he cumplido. De lo contrario, no estarías leyendo esto”.
El Gran Descifrador paró unos segundos, intentando descifrar un trozo de mensaje que resultaba indescifrable incluso para sus habilidades de descifrador y con fama de poder descifrar todo lo descifrable.
- ¿Qué más dice? - preguntó el señor Rodolfo, acercándose a la mesa.
- Números. Diría que son coordenadas.
- ¿Es ahí donde se escondió con… eso? - balbuceó el anciano con los ojos llenos de esperanza.
- Quizá - contestó el Gran Descifrador guardando los dados dentro de la bolsa -. No lo dice. Pero si es el caso, nadie debe saberlo. Sin matices ni excepciones. Nadie más que nosotros. Se exilió para protegerse y para protegernos. No podemos traicionarla. No estamos preparados.
- ¿Entonces por qué nos dejó este mensaje?
- Porque tengo la esperanza de que llegará un momento en que sí seamos dignos de ella.
- ¿Llegaremos a ver ese momento? - preguntó el viejo bajando la cabeza -. ¿Llegaré a verla?
- Probablemente no - contestó el Gran Descifrador -. No creo que ni usted ni yo vivamos tanto. Quizá tengan suerte nuestros nietos. En cualquier caso, confío en su discreción.
- No se preocupe - dijo el anciano levantándose -. Cometí un error aquella vez y la puse en peligro. No volveré a fallarle.
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Este cuento surge porque por que Ampa IES Eduardo Merelló ( @EAmpa ) me propuso a través de Twitter escribir algo a partir de las palabras alabastro, misiva, matiz, taza y muchacha. Espero estar a la altura de sus espectativas.
Y recuerda, si quieres pedir un cuento sólo tienes que proponer tus palabras en los comentarios, contactándome por Twitter en mi cuenta @PepeFuertes o a través del formulario de contacto de la página. ¡Te espero!
viernes, 1 de mayo de 2015
Cuento: En un futuro no muy lejano
- No será mañana ni tampoco el año que viene - dijo la chica tumbada en el césped mirando al cielo, donde las nubes flotaban perezosas hacia donde las llevaba el viento -. Quizá, ni siquiera dentro de unos años. Pero algo te puedo asegurar: en un futuro no muy lejano, las personas entenderán por fin que juntos somos más fuertes, que no somos tan diferentes unos de otros y que podemos hacer que el mundo sea como queramos.
- El mundo ya es como algunos quieren que sea - le contestó él, recostado de lado, mirándola. No le interesaban las nubes -. Tu mundo de fantasía donde el amor y la libertad nos guía a través de la senda de la paz no existirá nunca.
- No mientras la gente no pueda sentir empatía.
- No se puede obligar a la gente a querer sentir lo que otros sienten o a querer ponerse en la piel de otros.
- Se puede con esto - dijo incorporándose, sacando una pequeña pistola plateada de juguete y apuntando al chico.
- ¿Qué es eso? - preguntó él, curioso.
La chica apretó el gatillo y un rayo de luz diminuto salió del arma y se estrelló en el pecho de él, que cayó al suelo inconsciente. Ella se acercó y le acarició el pelo.
- Cuando despiertes empezarás a sentir cosas que no entiendes - le dijo susurrando -. Sabrás lo que siente todo el mundo que te rodea. Serás como yo. No será mañana ni tampoco el año que viene. Quizá ni siquiera dentro de unos años. Pero algo te puedo asegurar: en un futuro no muy lejano todos serán como nosotros. Habremos cambiado el mundo.
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Este texto es la respuesta al cuento que pidió Micaela con las palabras futuro, amor y fantasía.
¿Te ha gustado? ¿Quieres pedir un cuento? ¡Pues déjalo en los comentarios!
