viernes, 16 de septiembre de 2016

Cuento: Parásitos

Parásitos

El masajista no tardó en reconocer aquel lunar bajo la nuca de su paciente, que lo identificaba como un “anfitrión”, y sus pensamientos se dispararon:
—¡Malditos vendidos! —pensó—. En cuanto llegaron los bichos del espacio pidiendo cuerpos, ofrecieron el suyo con la excusa de “la alianza de civilizaciones inteligentes del universo”. ¡Qué asco! Sí, acabaron con las enfermedades, con la pobreza y con las guerras pero, ¿a qué precio? Dicen que son pacifistas, pero ¡JA! ¡Sólo son unos malditos intervencionistas del espacio! ¡Somos humanos! ¡Tenemos derecho a la violencia! ¡¡Resistiremos!!
—Contrólate —interrumpió una voz en la mente del masajista—. Aprietas demasiado. Y no grites, por favor. Nos resulta difícil relajarnos.


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Como cada septiembre vuelve el ReC y yo vuelvo a participar en el que será mi tercer año consecutivo. No sé si conseguiré repetir final, pero al menos lo pienso intentar.

Ahora, hablando del relato, ¿qué os parece? Después de leerlo, ¿por quién creéis que va el título, por los aliens o por los humanos?

miércoles, 31 de agosto de 2016

Cuento: La cacería

Aunque Adelaida no es un nombre muy común, la Cazadora lo es aún menos. Pero así era mi madre: poco convencional. Tampoco lo era su grupo, la Tropa, aunque sus trabajos en la ciudad indicaran lo contrario. Oficinistas, artistas y amos de casa. Cuando Adelaida, Ágata, Julia, Martín, Otto y el gran Tom iban al bosque, se convertían en rastreadores, tramperos y francotiradores infalibles cuyo único objetivo era perseguir animales, como tú. Mientras estaban allí sólo les importaba la caza.

El resto nos quedábamos en el refugio y esperábamos a que volvieran, preparando la Cena del Regreso. Así llamaban al momento en que se sentaban a repasar las tácticas y las trampas que habían utilizado. Hablaban de los aciertos y de los fallos para aprender. Nunca reían ni alardeaban de lo que ocurría en el bosque. Simplemente lo analizaban como profesionales que deben mejorar en su trabajo.

Aún recuerdo el verano de mi decimoquinto cumpleaños, el más caluroso de los últimos diez años y que sólo fue un anticipo de lo que vendría después. A mi madre le diagnosticaron un cáncer. Inoperable. Intratable. Le daban tres meses de vida. Decidieron que si aquel agosto sería su última cacería, mi cumpleaños era el momento perfecto para que la Tropa admitiese a un nuevo miembro.

—Hemos visto huellas de botas en la zona —dijo mi madre—. Debemos confirmar si son furtivos.
—Si los encontramos —pregunté—, ¿vamos a dispararles?
—Sólo queremos hablar —me contestó muy seria—, pero, si hace falta, tenemos dardos tranquilizantes.

Miré en sus ojos verdes pero no vi a mi madre. Había desaparecido. Allí sólo estaba Adelaida la Cazadora.

—Sí, señora —contesté y no hice más preguntas.

Los rastreamos y los seguimos. Los encontramos la segunda mañana. Eran tres hombres vestidos de camuflaje. Con sigilo, los rodeamos en una hondonada y les dimos el alto.

Ellos dispararon primero. Ágata respondió con tres dardos. En pocos segundos, dormían como lirones.

Les quitamos sus armas y los atamos. El interrogatorio fue rápido. Eran furtivos, cazadores sin licencia ni escrúpulos. Su objetivo era uno de los legendarios lobos gigantes, los guardianes del bosque que nadie había visto desde hacía años.

—Os llevaremos ante las autoridades —dijo la Cazadora—. Por el camino aprenderéis lo que significa ser presas.  

No había ni un atisbo de amenaza o sarcasmo en sus palabras. Sólo era información.

—Si vosotros no sois la policía —preguntó uno—, ¿quiénes sois?
—Valentina —me dijo mi madre—, ve con Tom al río a por agua. Hace mucho calor y necesitamos refrescarnos.

Quise protestar pero no pude. Tom me cogió con su enorme brazo por los hombros y nos alejamos. Lo último que vi es que mi madre se sentaba frente a sus prisioneros.

Dimos un rodeo enorme y, cuando volvimos con los demás, los furtivos estaban magullados, sudados y agotados, como si hubiesen corrido durante horas a través de espinos y rocas. Mi madre me dijo que habían intentado escapar. Sabía que no decía toda la verdad pero, una vez más, no pregunté. No era el momento.

Caminamos toda la tarde y, al anochecer, llegamos a la parte más profunda del bosque, un lugar oscuro y tenebroso donde las sombras amenazaban con cumplir mis peores pesadillas. Allí, arrinconada entre árboles, se escondían las ruinas de una antigua ermita de piedra. La vegetación había crecido a su alrededor cubriendo sus muros y creado una cúpula de ramas y hojas para reemplazar el lugar donde había estado su techo.

Nunca olvidaré la primera vez que entré. Apenas quedaba piedra visible entre las ramas, y los retablos y los frescos que pudiese haber contenido habían desaparecido tiempo atrás. La forma en que la luz de la luna se filtraba entre las hojas brillantes y se centraba alrededor un altar de piedra maciza al que le habían desaparecido todos los grabados era hipnótica, casi mágica.

Guiamos a los tres prisioneros hasta el altar e hicimos que se arrodillaran. No opusieron resistencia. Temblaban. Estaban aterrorizados.

—¿No íbamos a llevarlos a la policía? —le susurré a mi madre.
—Es lo que estamos haciendo —contestó.

Cerró los ojos, se llevó las manos a la boca y aulló. Aulló con todas sus fuerzas y los demás miembros de la Tropa se unieron a ella. Ella me hizo un gesto y yo aullé con ellos. Aullé sin saber qué hacía.

Escuché un crujido fuerte y seco, el mismo que hacen los huesos al partirse, seguido de un grito de dolor que se convirtió en un aullido animal, salvaje, lleno de alegría. Nos callamos.

Un gran lobo blanco apareció de la nada y se quedó de pie junto al altar, observando con sus ojos verdes a los tres furtivos. Les enseñó los dientes y gruñó y, por debajo de aquel sonido gutural, aparecieron palabras.

—Matáis ciervos y conejos —dijo con voz femenina—. Matáis osos. Matáis lobos. Matáis para que los leñadores puedan seguir reduciendo nuestro hogar. Matáis sin remordimiento. Le quitáis vida al bosque a cambio de sucio dinero y no dais nada a cambio. Hasta ahora.

No era una amenaza, sólo información. Me giré hacia mi madre para preguntarle qué ocurría, pero donde ella debería estar sólo encontré su ropa despedazada. Miré de nuevo a la loba, miré en sus ojos, y la encontré. Asintió, cerró los ojos y aulló.

Las paredes empezaron a vibrar y con ellas las hojas, que concentraron los rayos de luz de luna sobre las frentes de los tres hombres.

Sin gritos, su piel se iluminó y, de repente, se vaporizaron. Sólo dejaron su ropa, polvo y unas semillas blancas que recogió Julia. Entonces la loba se me acercó, me dio un beso de despedida en la frente y desapareció.

Con esto he cumplido el ritual, furtivo. Sabes lo que debes saber. Ahora serás la presa. Si escapas, vivirás. Si no, conocerás a mi madre y devolverás al bosque parte de lo que le has quitado. No te estoy amenazando. Sólo es información.

Tienes diez minutos de ventaja. Puedes empezar a correr cuando quieras.


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Con este relato participo en el concuro #RelatosDeVerano de Zenda Libros:
http://www.zendalibros.com/concurso-relatos-verano/

martes, 23 de agosto de 2016

La final de Relatos en Serie de 2016

¡Sumamos! Este lunes 29 de Agosto entre las 18:00 y las 19:00 estaré en La Ventana de la Cadena Ser dentro de el concurso Relatos en Serie que organiza esta radio junto con Escuela de Escritores. La premisa del concurso es contar una historia inspirada en una de las series que se proponía cada semana (o en sus personajes, sus autores, los escenarios…).

Participé una semana con un cuento basado en Cuéntame y, la siguiente, en uno basado en Verano Azul. Con este último he conseguido llegar a la final del concurso. ¡Yuju!

Por si os apetece ver todos los relatos finalistas he contactado con todos los concursantes y han aceptado que pusiese aquí los cuentos, así como enlaces a sus páginas web.

Así que muchas gracias a Lorenzo Rubio, Patricia Collazo, Tíndaro del Val y Asier Susaeta por permitirme recopilar aquí sus cuentos. Suerte, disfrutad y que gane quién sea :)


Semana 1 (Audio)


Ganador: Lorenzo Rubio Martínez (@MotivaConMicros)

Serie: Doctor en Alaska


Título: La bola de cristal


El día que ella cumplió su amenaza de dejarme se formó una gigantesca esfera de cristal a mi alrededor. Desde entonces aquí dentro no ha parado de nevar y la nieve ha anegado por completo mi reducido espacio de movimientos. La ansiedad y el malestar me han invadido y por aquí no hay psicólogos ni doctores que me puedan atender. Yo intento despejar la mente haciendo muñecos de nieve, pero, cuando parece que el mal tiempo va a escampar, aparece ella y agita sin escrúpulos mi mundo de hielo.


Semana 2 (Audio)


Ganador: Patricia Collazo González (LaLetraDePie.com)

Serie: Los Simpson


Título: En el plano


Mi padre trabaja en una central nuclear, de ahí su color amarillento. Esa es también la causa de que en mi familia nunca envejezcamos. Mis hermanos y yo llevamos más de dos décadas siendo niños, y no hay ni una cana en la azul cabellera de mi madre.
Por lo demás, somos muy normales. Cuando mamá se cansa de nosotros nos pliega para colocarnos bajo la alfombra con perro y padre incluidos. Después invita a sus amigas y les cuenta que es actriz en una serie. Las otras la escuchan envidiosas sosteniendo las copas entre sus frágiles dedos de papel.


Semana 3 (Audio)


Ganador: Pepe Fuertes (HechoSinTinta.blogspot.com y SenorOcre.com)

Serie: Verano Azul


Título: Un nuevo destino


Mientras el Piraña, Tito, Desi, Quique y Javi vuelven a la ciudad con sus padres; mientras Pancho se arrepiente de no haberse despedido de Bea; mientras Julia ve la última barca que fabricó Chanquete perdiéndose en el mar, un anciano de barba canosa observa desde una esquina, se ajusta su gorra marinera y sonríe. Sabe que ha hecho bien su trabajo. Ahora tiene que encontrar un lugar donde nadie sepa que aún está vivo.


Semana 4 (Audio)


Ganador: Tíndaro del Val (@MicroRadon)

Serie: Juego de Tronos


Título: Dimisión


Tras la batalla, decenas de sabandijas se abalanzaron sobre los cadáveres para desvalijarlos. Nadie le reconoció entre los cientos de cuerpos amontonados, oculto tras un casco con forma de león y una armadura con el emblema de los Lannister. Sintió que aquella sería la última vez que vería el cielo azul del reino de Poniente. Estaba ya cansado de tantas torturas, incestos, secuestros y asesinatos que perpetraba a diario para alcanzar el Trono de Hierro, y seguía sin encontrar un digno final para aquella historia. El guionista empezó a sentir frío: definitivamente el invierno se estaba acercando.


Semana 5 (Audio)


Ganador: Asier Susaeta

Serie: Twin Peaks


Título: Inocentes


El alcalde Garland sospecha de Harry, el sheriff, quien, a su vez, lo hace del doctor Lawrence, el psiquiatra. Este, bloc de notas en mano, escucha con recelo las historias de Norma, la propietaria de la cafetería donde todo el mundo se mira de reojo cada tarde. Yo suelo pedir un café doble y disfruto de la música mientras pienso en Laura, en sus últimas palabras. Y, de vez en cuando, también miro a los lados de la barra; escruto al resto y pongo cara de no saber quién es el asesino.

viernes, 19 de agosto de 2016

Lo que no te cuentan de Pokemon Go

Es el fenómeno del año. Pokemon Go se me metido en los móviles de medio mundo con un juego extremadamente simple y sin historia pero increíblemente adictivo. O quizá sí tenga historia pero está escondida y sólo hay que escarbar para entenderla.

Tras jugar e investigar, estas son mis inquietantes conclusiones.

De qué va el juego


En primer lugar, lo que se ve a simple vista: un hombre llamado profesor Oak te dice que hay unos seres llamados Pokemon que viven por ahí sueltos y te pide ayuda para estudiarlos. Para ello te da unas bolas llamadas Pokeballs con las que puedas capturarlos y un aparato llamado Pokedex, una especie de enciclopedia donde almacenar información de los seres que cojas.

Hasta aquí todo parece una simple catalogación de especies, pero el problema es lo que haces con los seres que capturas: los dejas metidos en las Pokeballs, unos espacios diminutos donde, de forma sorprendente, los Pokemon pueden sobrevivir. Probablemente estas bolas llevan algún sistema de miniturización, hibernación y soporte vital, aunque nadie lo llega explicar en ningún momento. Tampoco se explica de qué se alimentan los Pokemon o qué energía usan las Pokeballs para mantener con vida a los seres que contienen, aunque estudios recientes indican que podrían usar batería de móvil para tal efecto y explicaría por qué dura tan poco cuando la aplicación está encendida.

Además, cada vez que capturas uno de estos seres consigues una cierta cantidad de una sustancia llamada Polvostelar, que parece ser algún tipo de dinero para los Pokemon, y caramelos de la especie del ser capturado. No se explica en ningún sitio quién o por qué da esos caramelos y ese polvostelar, pero sí para qué se usa: para mejorar a los Pokemon.

Por si todo esto fuese poco, la forma de conseguir Pokeballs es yendo a lugares llamados Pokeparadas donde cada cierto tiempo algo o alguien regala objetos. Desconocemos por qué alguien regala ese tipo de cosas o cuál es su objetivo oculto, pero ahí están.

Por último están los gimnasios, lugares donde puedes hacer luchar a tus Pokemon con los de otros jugadores para controlar esa zona y comprobar el poder de tus criaturas. Por qué deberíamos querer controlar gimnasios es, de nuevo, un misterio. Sólo te dicen que hay tres equipos de entrenadores: los que usan el Valor para encontrar y entrenar Pokemon y cuyo color es el Rojo, Instinto, cuyo colo es el Amarillo y los Azules, que usan el Misticismo. Sí, en España se ha traducido el equipo azul como Sabiduría, pero el original en inglés es Mystic, que no parece ir por el camino del conocimiento demostrado y con pruebas, sino por el de la superchería.

Por qué hay que elegir un equipo u otro y qué puede implicar esta elección es, de nuevo, un misterio. Lo único que se sabe es que, una vez completada la elección, dos tercios de los jugadores de Pokemon se convierten en tus rivales de Gimnasio y potenciales enemigos.


Las preguntas inquietantes


Con todo lo que sabemos parece que no quedan preguntas por responder y, sin embargo, las hay. Empezaré con la más obvia. 

¿Qué haces con los Pokemon que atrapas?

Pues aparentemente sólo podemos hacer dos cosas:

1. Doparlos con caramelos y polvostelar para que mejoren sus habilidades como luchadores y usarlos entonces para combatir contra otros Pokemon para controlar los famosos gimnasios.

2. Entregarle al profesor Oak los Pokemon que no quieras para conseguir a cambio un caramelo de la especie de ese Pokemon.

Entonces, ¿qué hace el profeso Oak con los Pokemon que le entregas? 

De nuevo, otro misterio. Sólo sabes que a cambio recibes caramelos para mejorar Pokemons de la misma especie del que has entregado. No sabemos cómo consigue él esos caramelos que te da o qué hace con los que le das. Quizá los libere. Quizá los tenga a todos en una cárcel o un zoo gigante. Quizá ya no existan.

¿De dónde salen los caramelos y los polvoestelares que consigues cuando capturas un Pokemon?

No se sabe, aunque mi teoría es que se lo robas a la pobre criatura que acabas de atrapar. Teniendo en cuenta que el Polvostelar es el dinero de los Pokemon y los caramelos es algo que comen, además de esclavizarlos para convertirlos en gladiadores, les robas sus ahorros y su comida para alimentar sólo a los que tú consideras los mejores de su especie y dejas a los demás languidecer. 

Pero claro, esto no responde a la primera pregunta que deberíamos hacernos: 

¿Qué son y de dónde vienen los Pokemon? 

Evolutivamente, la aparición de la mayoría de estos seres es, como mínimo, complicada. De hecho, cosas como que sus huevos sean iguales, da igual la especie que sean o que puedan evolucionar comiendo caramelos, hacen sospechar que quizá hayan sido creados en un laboratorio con un objetivo oculto. 

Además, aparentemente, nadie había visto a estos seres en nuestro mundo antes de la aparición de Pokemon Go. Sí, existían en la fantasía de videojuegos y series de televisión, pero sólo hemos podido verlos dentro de nuestro entorno con esta aplicación. Esto indica que, o bien acaban de llegar o que, simplemente, eran invisibles. Esto nos lleva a otras dos preguntas:

Si antes no estaban aquí, ¿de dónde vienen? y, si ya estaban, ¿por qué se escondían? Aquí sólo puedo especular, pero creo que la respuesta es que llegan desde otra dimensión huyendo de algo y creo que el profesor Oak sabe más de lo que cuenta.


Mi teoría


Aquí entro en el terreno de la especulación, pero creo que los jugadores están siendo usados para capturar a los Pokemon con una intención oculta. Algo o alguien no quiere que estos seres vivan libremente. Quizá son una amenaza para Ese Algo o quizá Eso sepa cómo usar el poder de estos animalitos más allá de las simples peleas de gallos y quiere usarlo contra quien se oponga a él.

Además, creo que el profesor Oak está compinchado con Ese Algo. Creo que las Pokeparadas y los Gimansios, así como todos los objetos que se regalan simplemente por ir a lugares, los pone Ese Algo con el único objetivo de que cacemos Pokemon sin parar y sin pensar si está bien o mal. Quieren que no haya ni uno solo libre y que se los entreguemos.

Porque, no lo olvidéis, vuestros Pokemon no están en vuestros teléfonos. Vuestas Pokedex y vuestras Pokeballs están almacenadas en los servidores de Ese Algo. No son vuestros. Nunca lo han sido. Sólo cazáis para ellos, para que puedan tenerlos todos, para que no quede ni uno solo libre.

Así que, ¿qué haréis cuando ya no queden Pokemon en libertad? ¿Qué haréis cuando sean todos suyos? Peor, ¿qué haréis cuando empiecen a usar los Pokemon contra los humanos y empiecen a controlarnos?

Es más, ¿cómo sabéis que no nos controlan ya?

NOTA: No tengo nada que ver con Pokemon, Niantic o Nintendo, Todo lo que se cuenta aquí es una invención basada en la información que hay en internet sobre Pokemon Go y los diferentes juegos y series de Pokemon que han ido saliendo a lo largo de los años. Cualquier parecido con la realidad, especialmente en la parte de Mi Teoría, es pura coincidencia. 
Y, sin embargo, os dejo con la pregunta: ¿y si fuese verdad?

miércoles, 10 de agosto de 2016

Cuento: Nuevo destino

Como ya os comenté, este verano he estado participando en el concurso de Relatos en Serie de la Cadena Ser. Esta semana las series de televisión a elegir eran Seinfield, Breaking Bad y Verano Azul. Yo opté la más antigua y veraniega y, curiosamente, fue la que más relatos recibió.

Lo que hizo especial este lunes fue que me llamaron. Habían seleccionado mi relato para participar en la final semanal y salir en directo con este relato:


Nuevo destino

Mientras el Piraña, Tito, Desi, Quique y Javi vuelven a la ciudad con sus padres; mientras Pancho se arrepiente de no haberse despedido de Bea; mientras Julia ve la última barca que fabricó Chanquete perdiéndose en el mar, un anciano de barba canosa observa desde una esquina, se ajusta su gorra marinera y sonríe. Sabe que ha hecho bien su trabajo. Ahora tiene que encontrar un lugar donde nadie sepa que aún está vivo.


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Si escuchasteis el programa o habéis escuchado el audio, sabréis el resultado. Si no, os lo cuento: ¡VICTORIA POR REMONTADA!

Ahora, a esperar la llamada para participar en la final de temporada que tendrá lugar el Lunes 29 de Agosto entre las 18:00 y las 19:00. Os mantendré informados.


viernes, 5 de agosto de 2016

Cuento: Diecisiete años en una llamada

El siguiente cuento lo envié al concurso Relatos en Serie cuya premisa era hacer un relato basándolo en una serie de televisión. Este en cuestión era sobre la serie Cuéntame. Espero que os guste:


Diecisiete años en una llamada

¿Qué pasó con la imprenta? Ya veo. Claro. No podía ser de otra manera. ¿Y la tienda de Merche? Ajá. Sí. Eso es bueno. Ya. Eso no tanto. ¿En serio? ¡No le creo! ¿Divorcio? ¡Caramba! ¿Y después reconciliación con renovación de votos? Desde luego, lo que no pase en su familia, no pasa en ningún sitio. ¿Y la boda de Inés? Increible, Herminia, pero repire y relájese. Seguro que todo se arregla. Sólo tenga un poco de paciencia. Deje que los guionistas hagan su trabajo.

viernes, 29 de julio de 2016

Cuento: Carta de despedida

Aquel día me fui a la cama a las once de la noche, aunque no tenía sueño. Recordaba una y otra vez la escena: tú hablando por teléfono a escondidas, yo preguntándote de malas formas qué hacías; tus excusas, mis gritos; mi ira, tus lágrimas; mis puños, tu piel amoratada. Las escaleras, los crujidos y la sangre. Después, sirenas.
Aquella noche no pegué ojo. La pasé en vela mirando los barrotes de acero y jurando venganza porque tú y sólo tú eras la culpable de que yo estuviese allí.
Hoy, sin embargo, viéndote ahí, sentada en esa silla, me doy cuenta de mis errores. No de todos, estoy seguro. Sé que te hice daño incluso sin darme cuenta. Ahora sé que hay palabras y gestos que pueden doler como un puñetazo. Por eso, no se me ocurre pedirte que me perdones o que vuelvas conmigo. Ni mucho menos que olvides lo sucedido. Aquí y ahora sólo puedo desearte la felicidad que no te pude dar, que te cures de todo el daño que te hice y que si algún otro hombre empieza a hacerte de nuevo lo mismo, tienes el poder de enviarlo a la mierda. No dejes que nunca, nadie, te diga lo contrario. El mundo es demasiado bueno para que gente como yo te lo estropee.

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Este cuento es una versión corregida y ampliada de uno que presenté en un concurso de relato rápido. No gané. Sé que hay fallos por todas partes, pero, hasta que no lo intentas, no te das cuenta de lo difícil que es hacer un cuento en veinte minutos.
Sobre el cuento en sí mismo, sólo decir que ojalá nos diésemos cuenta de las consecuencias de nuestros actos antes de realizarlos y parásemos a tiempo. Ojalá no necesitásemos verlas para darnos cuenta de que hemos metido la pata. Ojalá fuésemos menos imbéciles. Pero no lo somos y este es el mundo que hemos hecho.
Disfruten de las consecuencias de sus actos.