lunes, 22 de enero de 2018

Cuento: El nuevo plan

Bucear en el lago que había al lado de la casa por la noche en completo silencio para reflotar el barco que ella misma había hundido al poco de llegar, porque nadie debía saber que estaban allí. Al amanecer, hacer inventario de provisiones, repasar rutas de escape, buscar posibles destinos y seguir con el desarrollo del sistema de camuflaje. Después, esconderse en lo más profundo del búnker del sótano y, muy quieta, abrazarse a sus hijos y rezar para que los monstruos no encontraran la entrada a su refugio tampoco ese día.

domingo, 21 de enero de 2018

Cuento: El reto

Bucear en el lago que había al lado de la casa, cronometrar cuánto podía aguantar sin respirar, mirar cómo el segundero avanza instante a instante, cómo su corazón se ralentiza, cómo el oxígeno intenta escapar de sus pulmones y salir en el último segundo para cazar una bocanada de aire, después otra, recuperar el aliento y repetir hora tras hora, día tras día, hasta que, en una epifanía sublime, entender que, por mucho que entrene, por mucho que se esfuerce, nunca podrá superar la marca infinita de su padre que lo mira fijamente desde el fondo.

Cuento: Juego de mesa

Bucear en el lago que había al lado de la casa era la opción A —repitió Carla desde detrás del libro—. Presta atención. La opción B era registrar el sótano.
—Te preguntaría qué monstruos puede haber, pero me da igual —dijo Jaime fardando de su ficha de personaje—. Soy indestructible.
—Tómate esto en serio y revisa las pistas o lo dejamos inmediatamente. Recuerda que nos persigue un monstruo primigenio y que, si lo liberas, destruirá el mundo.
—Tranquilízate—protestó el chico—. Sólo es un juego. Cthulhu no es real.
—CLARO —susurró una voz cavernosa desde dentro del baúl que aguantaba el tablero—, SÓLO ES UN JUEGO. ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?

viernes, 5 de enero de 2018

Cuento: Panadero - Una herencia peligrosa

Su padre también le dejaba conducir la furgoneta durante el reparto matutino. El restaurante Coliflor, la penitenciaría, la mansión de los Falstein y el bar Vero entraban en la primera ronda.
Aquella mañana, de vuelta a la panadería para iniciar la segunda, percibió algo inusual por el rabillo del ojo. Detuvo el vehículo y se giró. Dos cuervos negros, agazapados en un rincón, le miraban.
—Pero qué... —masculló, pero se paralizó. Los pájaros resplandecieron con una luz que le cegó un instante. Al apagarse, dos chicas le observaban.
—Conduce y olvídanos —le dijo una acompañando sus palabras con un gesto.
Automáticamente encendió el motor y, con el ruido, la idea de que transportaba polizones vestidas de presidiarias desapareció.

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Seguimos con los cuentos del universo de Una herencia peligrosa.


viernes, 29 de diciembre de 2017

Cuento: Plan de rescate - Una herencia peligrosa

Tardaría en encontrar la llave que necesitaba para abrir la celda. Mientras, los guardias se impacientarían y él tendría tiempo de esconderse. Después, con un gesto de varita, haría que el viejo carcelero la encontrara.
Entonces dejarían caer a su hermana en medio de la celda. Ni siquiera le pondrían grilletes. El campo antimagia de la piedra de los muros de la Catedral Inacabada se encargarían de absorberle la energía. No por nada era la peor cárcel para magos del imperio. Nunca nadie se había infiltrado. Menos aún escapado. Aunque, claro, nunca nadie había intentado escapar a través de la argamasa.

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Otro cuento enmarcado en el universo de Una herencia peligrosa. ¿Os gusta esta saga?


martes, 26 de diciembre de 2017

Cuento: Por compasión

Su padre también le dejaba conducir la furgoneta durante las incursiones, pero sólo si Juana y su arco iban en la torreta.
—No salgas del vehículo —le había dicho esa mañana—. Si la cosa se pone fea, pégate a ella. Debes volver.
“Volver”, se repitió mientras veía a Juana besar una de sus flechas, tensar el arco y apuntar hacia él.
—¡Hazlo! —le gritó mientras las manos y los dientes que lo sujetaban tiraban en todas direcciones y lo desgarraban.
La flecha se incrustó entre sus ojos y su cuerpo, inmóvil, dejó de ofrecer resistencia.
Juana cargó otra flecha y contó hasta treinta, pero Manuel no resucitó.


viernes, 22 de diciembre de 2017

Cuento: Perseguidas - Una herencia peligrosa

No pudo seguir adelante sin ella. Atrancó la puerta, se arrodilló a su lado y buscó la herida bajo la túnica empapada de sangre. El corte era grande y profundo, de los feos. Necesitaría mucho tiempo para curarlo. Aún así, acercó el talismán a la piel de su aprendiz y recitó. La piedra se iluminó y, milímetro a milímetro, la herida empezó a cerrarse.
Fuera, los gritos y los pasos iban y venían. Demasiado pronto, alguien intentó entrar. Empujó, golpeó y embistió, pero la puerta resistió.
—¡Ariete! —gritó.
Las brujas se miraron, asintieron y, cogidas de las manos, empezaron a cantar el ritual prohibido.

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Otro cuento más del universo de Una herencia peligrosa. Os aviso. Van a llegar muchos más.