sábado, 9 de mayo de 2015

Cuento: Memorias de una chica

La muchacha cogió una taza, la llenó de una infusión de regaliz con matices de menta y anís y se preparó para tallar los dados de alabastro. Después, con un clavo y mucha paciencia, fue dibujando las runas de lo que sería, a la postre, su última misiva.

---

Ayer os presenté el cuento El Gran Descifrador que creé con las palabras que Ampa IES Eduardo Merelló ( @EAmpa ) me propuso a través de Twitter (alabastro, misiva, matiz, taza y muchacha). Cómo no, tenía un segundo microcuento que se enmarca dentro del mismo universo (o no, según prefiráis cada uno) y que también usaba esas cinco palabras. Espero que lo disfrutéis.

viernes, 8 de mayo de 2015

Cuento: El Gran Descifrador

 - ¿El siguiente? - preguntó el Gran Descifrador sin levantar la vista del papel que estaba escribiendo. Era el único que aún conocía el lenguaje antiguo y por eso, cada vez que aparecía una reliquia de los viejos tiempos, acudían a él.
- Creo que yo, señor - dijo el anciano señor Rodolfo abriendo la puerta con cuidado. Había sido un hombre fornido, pero sus no menos de ochenta años lo habían encorvado un poco y habían sugerido a su pelo blanco que se ausentara de su cabeza un poco más de lo que a él le gustaría.
- Por favor, tome asiento.
- Creo que han encontrado algo de mi hija - dijo el anciano sentándose en una silla frente a él y dejando un saquito de piel encima de la mesa -. En las catacumbas del templo ha aparecido una cápsula del tiempo muy antigua. Tenía su sello. Pero nadie sabe lo que dice. Quizá usted pueda ayudarme.
 - Veamos qué hay aquí - dijo el Gran Descifrador apartando el papel y esparciendo el contenido sobre la mesa: un montón de rocas cúbicas de apenas unos centímetros de lado llenas de marcas que parecían casi aleatorias. Se colocó las gafas redondas sobre la nariz, dio un sorbo a la taza de té caliente y ajustó la distancia entre la tripleta ojos, lupa y piedras hasta que pude ver con claridad.
- Es la escritura vieja del valle - dijo tras echar una ojeada rápida -. Dice así: “A falta de lápiz y papel - leyó, dando vueltas despacio a uno de los dados -, uso el clavo y el martillo sobre estas piezas de alabastro para dejarte mi última misiva. No llores por mí, padre, pues aunque sólo era una muchacha cuando me fui, he crecido sana. He tenido una buena vida aunque no haya podido conocer varón o criado una familia. La misión que me fue asignada lo ha sido todo y creo que la he cumplido. De lo contrario, no estarías leyendo esto”.
El Gran Descifrador paró unos segundos, intentando descifrar un trozo de mensaje que resultaba indescifrable incluso para sus habilidades de descifrador y con fama de poder descifrar todo lo descifrable.
- ¿Qué más dice? - preguntó el señor Rodolfo, acercándose a la mesa.
- Números. Diría que son coordenadas.
- ¿Es ahí donde se escondió con… eso? - balbuceó el anciano con los ojos llenos de esperanza.
- Quizá - contestó el Gran Descifrador guardando los dados dentro de la bolsa -. No lo dice. Pero si es el caso, nadie debe saberlo. Sin matices ni excepciones. Nadie más que nosotros. Se exilió para protegerse y para protegernos. No podemos traicionarla. No estamos preparados.
- ¿Entonces por qué nos dejó este mensaje?
- Porque tengo la esperanza de que llegará un momento en que sí seamos dignos de ella.
- ¿Llegaremos a ver ese momento? - preguntó el viejo bajando la cabeza -. ¿Llegaré a verla?
- Probablemente no - contestó el Gran Descifrador -. No creo que ni usted ni yo vivamos tanto. Quizá tengan suerte nuestros nietos. En cualquier caso, confío en su discreción.
- No se preocupe - dijo el anciano levantándose -. Cometí un error aquella vez y la puse en peligro. No volveré a fallarle.

---

Este cuento surge porque por que Ampa IES Eduardo Merelló ( @EAmpa ) me propuso a través de Twitter escribir algo a partir de las palabras alabastro, misiva, matiz, taza y muchacha. Espero estar a la altura de sus espectativas.

Y recuerda, si quieres pedir un cuento sólo tienes que proponer tus palabras en los comentarios, contactándome por Twitter en mi cuenta @PepeFuertes o a través del formulario de contacto de la página. ¡Te espero!

viernes, 1 de mayo de 2015

Cuento: En un futuro no muy lejano

- No será mañana ni tampoco el año que viene - dijo la chica tumbada en el césped mirando al cielo, donde las nubes flotaban perezosas hacia donde las llevaba el viento -. Quizá, ni siquiera dentro de unos años. Pero algo te puedo asegurar: en un futuro no muy lejano, las personas entenderán por fin que juntos somos más fuertes, que no somos tan diferentes unos de otros y que podemos hacer que el mundo sea como queramos.
- El mundo ya es como algunos quieren que sea - le contestó él, recostado de lado, mirándola. No le interesaban las nubes -. Tu mundo de fantasía donde el amor y la libertad nos guía a través de la senda de la paz no existirá nunca.
- No mientras la gente no pueda sentir empatía.
- No se puede obligar a la gente a querer sentir lo que otros sienten o a querer ponerse en la piel de otros.
- Se puede con esto - dijo incorporándose, sacando una pequeña pistola plateada de juguete y apuntando al chico.
- ¿Qué es eso? - preguntó él, curioso.
La chica apretó el gatillo y un rayo de luz diminuto salió del arma y se estrelló en el pecho de él, que cayó al suelo inconsciente. Ella se acercó y le acarició el pelo.
- Cuando despiertes empezarás a sentir cosas que no entiendes - le dijo susurrando -. Sabrás lo que siente todo el mundo que te rodea. Serás como yo. No será mañana ni tampoco el año que viene. Quizá ni siquiera dentro de unos años. Pero algo te puedo asegurar: en un futuro no muy lejano todos serán como nosotros. Habremos cambiado el mundo.

------

Este texto es la respuesta al cuento que pidió Micaela con las palabras futuro, amor y fantasía.

¿Te ha gustado? ¿Quieres pedir un cuento? ¡Pues déjalo en los comentarios!

viernes, 17 de abril de 2015

Cuento: El protegido

- Nunca nadie piensa en nosotros - le dijo a su interlocutor justo en el momento en que éste se quedaba dormido en el banco del parque -. Ni siquiera tú, por lo que parece. Ahí estás, sumergido en tus sueños. Seguro que si alguien se acercara ahora le dirías que estás en un momento de introspección, apreciando la belleza de la lluvia y que sólo tienes los ojos cerrados porque estás atravesando la fase más pensativa de tu vida. Tendrías más credibilidad si lo hicieses con la boca cerrada. Y mientras tú roncas, yo te protejo de la lluvia. ¿Sabes que cuando me abres me quedo ciego? En realidad podría ver pero , ¿has probado a tener los ojos abiertos mientras te cae agua dentro? Además, sólo veo el cielo, que siempre es gris, o peor, lleno de rayos.
En ese momento un destello atravesó el cielo. El paraguas lo percibió con el sentido del peligro y unos segundos después escuchó el trueno. Mientras a él se le erizó toda la tela impermeable, el dormilón ni se enteró.
- Creo que deberíamos movernos - le dijo su protector -. Si nos cae uno de esos nos vamos a convertir en un aperitivo churruscado y no muy sabroso.
Estalló un segundo rayo, este más cerca que el anterior, seguido casi instantáneamente por un trueno y un potente ronquido.
- ¡Habrase visto! - gritó al mundo -. Ese ha caído apaenas de cuarenta metros. Me han vibrado todas las juntas y este mequetrefe ni se ha enterado. Y yo aquí, haciendo de pararrayos con mi punta de metal y ni una maldita forma de hacer nada.
El paraguas sintió que un tercer rayo se preparaba para caerle encima y no podría hacer nada para esquivarlo. Entre la espada y la pared, eligió el único camino: romper la regla universal de no moverse en presencia de humanos. Fue leve y sutil. Lo único que hizo fue soltarse de su mano y dejarse arrastrar por el viento.
- Hasta luego, viejo dormilón - le dijo a su amo mientras bailaba una última danza con el viento.
La gotas de lluvia en el cogote despertaron al soñador. Balbuceó, parpadeó y, al fin, abrió los ojos justo cuando una gigantesca descarga eléctrica atravesaba el aire frente a él y convertía en un amasijo de hierro y plástico lo que había sido su paraguas los último veinte años.
Corrió hasta él, lo cogió como pudo, pues estaba ardiendo, y se fue a resguardarse. En cuanto lo vio entendió que se había escapado de su mano para recoger el rayo. Sabía que lo había salvado. Le debía al menos intentar repararlo.

---

Marian de Talleres y Tertulias literarias ha pedido un cuento con estos conceptos: sueño, ciego, sabroso, pensativo y paraguas

¿Te ha gustado? ¿Te animas a pedir tu cuento?

viernes, 10 de abril de 2015

Cuento: La extraña pareja

En lo más alto de la montaña crecía un árbol verde y solitario. Su única compañía eran las piedras, el césped y, por supuesto, su amiga la nube. Aparecía por la tarde, le acompañaba durante toda la noche y, cuando el sol estaba en lo alto, se iba a descansar.

Ella le abrazaba, lo refrescaba y le daba de beber siempre que lo necesitaba. Él, a cambio, le susurraba palabras de amor cuando el viento soplaba. A veces ella estaba unos días sin aparecer. Pero siempre volvía y él siempre la esperaba con un fruto en las ramas. El único regalo que podía hacerle. Ella, para darle las gracias, esperaba a que el fruto cayese al suelo para llover sobre él.

Entonces, una primavera, un tallo verde y pequeño salió donde había caído el fruto. El árbol y la nube se miraron y sonrieron. Pronto la montaña tendría dos pelos.

---

Este cuento ha salido de tres conceptos que me ha dado @teresacebrian : Pelos, árbol verde, nube. 

¿Te atreves a proponer algunas palabras que pueda usar para crear un cuento corto?

Cuentos aleatorios

Crear un cuento a partir de unas pocas palabras aleatorias. ¿Te atreves a intentarlo? Mejor, ¿te atreves a leerlos? Aún mejor, ¿te atreves a proponer palabras que pueda usar?


Pues quédate y veremos qué podemos hacer.

viernes, 3 de abril de 2015

Cuento: El código secreto

Todo estaba dibujado en la pequeña libreta gris que llevaba en el bolsillo de su pantalón. Cada cosa que tenía que hacer, el nombre de cada objeto que tenía que usar y de cada persona que conocía estaba allí apuntado usando su propio sistema de escritura. Un jeroglífico único para cada concepto. Pero ahora eran indescrifables. La única persona que había sabido qué significaban ya no era capaz de recordar ni su propio nombre.