viernes, 11 de noviembre de 2016

Cuento: Errores no forzados

Cuando se prendieron las cortinas de la cocina, el pequeño escondrijo de Jimmy “Metepatas” Smith ya era un pequeño infierno. No sé si llegó a despertarse antes de que el gas explotara. Tampoco me importa. Lo interesante es que la bola de fuego salió en las noticias y ahora todos nuestros chicos tienen claro el mensaje:
Si “por equivocación” llamas a la policía en mitad de un asunto y todo se va al traste, da igual lo que hagas o dónde huyas. Te encontraremos. Siempre tenemos una cálida despedida para un soplón. Nunca olvidamos a un traidor.


jueves, 10 de noviembre de 2016

Cuento: Consecuencias

Espero que puedas perdonarme. Voté a Trump. Nunca pensé que saldría elegido.

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Este cuento no he llegado a enviarlo al concurso de Relatos en Cadena porque lo he pensado después. Pero me apetece compartirlo con vosotros.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Cuento: ¡No juegues con el fuego!

Cuando se prendieron las cortinas de la cocina supe sin lugar a dudas que las dulces y premonitorias palabras de mi madre que me indicaban con amor que quizá no era una buena idea fabricar y probar un lanzallamas dentro de casa se iban a transformar en algo menos dulce, menos premonitorio, menos amoroso y, muy probablemente, mucho más sólido. Puede que incluso tuviese forma de zapatilla voladora.
Aunque quizá, si consiguiese apagarlas y reemplazarlas por unas iguales…
Sé que siempre hay dinero en el tercer cajón del estudio. Necesitaré para el autobús, para las cortinas y para unas chuches. Debo tener un premio por ser buen hijo.

domingo, 30 de octubre de 2016

Cuento: Soledad

Poco antes de que los domingos fueran amargos podía encontrarte cada sábado en esta curva, siempre sola, siempre helada, viendo pasar los coches con tus ojos empañados de tristeza y dolor. Yo paraba porque también veía esperanza. Te preguntaba de dónde venías, adónde ibas, tu historia, pero tú sólo hablabas de la curva.
Recuerdo aquella última noche, cuando decidiste responderme. Recuerdo tu sonrisa y tu rostro iluminado. Creí que la luz te perdonaba y me alegré. Después el camión y sus focos nos arrollaron y desapareciste.
Desde entonces te espero en esta curva maldita, anclado a este domingo lluvioso que se repite eternamente.
Sólo por si decides volver.

viernes, 14 de octubre de 2016

Cuento: Un añito en el infierno

Poco antes de que los domingos fueran amargos días de sumar derrotas ya me mirabais con preocupación. Yo os decía que estuvieseis tranquilos, que todo saldría bien, que fuésemos al estadio y disfrutáramos del partido a pesar de los fracasos y de mi calvicie acelerada. Al final, aunque jugamos bien, el equipo descendió y yo acabé anclado a esta máquina que me va marcando el ritmo.
Pero no os desaniméis. Este año viviremos momentazos juntos. Habrá derrotas amargas, remontadas angustiosas y victorias vibrantes. Muchas victorias. Ganaremos la liga. El Diablo me lo ha jurado.


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Un cuento que no va sobre fútbol. O quizá también. No sé. Os dejo decidirlo.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Cuento: El último maniquí

Y le manchaba los dedos de harina al entregarle el paquete vacío buscando una sonrisa cómplice. Nunca la consiguió. Después, le calentaba con cariño la ración del día, pero ella, inmutable, ni siquiera la probaba. Él resoplaba, se la zampaba en tres bocados, porque sus padres le enseñaron a no tirar comida, y se iba a revisar sistemas vitales.
Cuando volvía, solía bromear con que lo mejor de un búnker subterráneo era que no tenía ventanas que limpiar. Ella nunca se reía, pero a él le daba igual. Se conformaba con su compañía silenciosa, con dormirse acariciando su piel de plástico. Sabía que sólo seguía cuerdo porque ella nunca le abandonó.

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A veces nos hace falta sentirnos solos un rato para poder apreciar mejor la compañía pero, ¿qué ocurre cuando no puedes elegir volver a tener compañía? Supongo que nos la inventamos y, si hace falta, creamos con amigos imaginarios. Todo con tal de no vivir en soledad.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Cuento: Parásitos

Parásitos

El masajista no tardó en reconocer aquel lunar bajo la nuca de su paciente, que lo identificaba como un “anfitrión”, y sus pensamientos se dispararon:
—¡Malditos vendidos! —pensó—. En cuanto llegaron los bichos del espacio pidiendo cuerpos, ofrecieron el suyo con la excusa de “la alianza de civilizaciones inteligentes del universo”. ¡Qué asco! Sí, acabaron con las enfermedades, con la pobreza y con las guerras pero, ¿a qué precio? Dicen que son pacifistas, pero ¡JA! ¡Sólo son unos malditos intervencionistas del espacio! ¡Somos humanos! ¡Tenemos derecho a la violencia! ¡¡Resistiremos!!
—Contrólate —interrumpió una voz en la mente del masajista—. Aprietas demasiado. Y no grites, por favor. Nos resulta difícil relajarnos.


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Como cada septiembre vuelve el ReC y yo vuelvo a participar en el que será mi tercer año consecutivo. No sé si conseguiré repetir final, pero al menos lo pienso intentar.

Ahora, hablando del relato, ¿qué os parece? Después de leerlo, ¿por quién creéis que va el título, por los aliens o por los humanos?