viernes, 11 de septiembre de 2015

Cuento: De gatos y ratones

Al abrir el contenedor, se dio cuenta de que estaba empezando a olvidar el nombre de las cosas. Primer síntoma de un intento de hackeo. Cogió dos cosas cilíndricas de cosa dura de cosa de beber, las partió y las convirtió en una cosa para la… cabeza. Se ajustó el casco. Volvía a tener el control.
Rastreó la señal hasta un furgón pintado con el inconfundible gris de los Cazadores de Sintéticos del inspector García. Desde luego, eran persistentes. Sacó una granada de pulso electromagnético de un bolsillo y la lanzó al vehículo que, con un parpadeo, se apagó. Alguien maldijo desde dentro y eso alegró al androide. El humano seguía vivo. Podrían jugar un poco más.

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Volvemos con los cuentos presentados en el concurso de Relatos en Cadena. Este no fue seleccionado, pero os lo dejo aquí. La frase de inicio era "Al abrir el contenedor, se dio cuenta de que estaba empezando a olvidar el nombre de las cosas". ¡Un cuento en sí mismo!

Os dejo leerlo y, como siempre, espero vuestros comentarios. ¡Hasta pronto!


viernes, 4 de septiembre de 2015

Cuento: El virus

Todo empezó con un video en internet. No era nada especial. Muñequitos de colores bailando sobre un fondo negro al ritmo de música. Ahí estaba el problema. En la música. La canción era repetitiva y sencilla, nada especial, cuatro notas, pero extremadamente pegadiza. Cuando la escuchabas una vez se repetía en tu mente sin parar y ya no te la podías quitar de la cabeza. El Virus, la llamaban. Resultaba tan pegadiza que la gente empezó a contagiar a otras personas sólo para fastidiar.

De ahí saltó a radios y televisiones de todo el mundo, con lo que todas y cada una de las personas de la tierra escucharon la canción y empezaron a taraearla. Todo muy divertido y muy sano. Nadie vio el peligro hasta que fue demasiado tarde.
Una noche de Octubre en todas las radios, televisiones, ordenadores y equipos de música empezó a sonar la canción sin parar. Estaban tan acostumbrados a escucharla que a nadie le extraño. Pero nadie se dio cuenta de que era ligeramente diferente. Porque debajo de las notas había un ruido blanco, sutil, casi inaudible que transmitía un mensaje sin palabras: rendíos; no actuéis; no os mováis. No tenía palabras, aunque no las necesitaba, porque atacaba directamente al cerebro y paralizaba.
Las naves aparecieron aquella misma noche. Cientos. Quizá miles. Rodearon la tierra y se quedaron allí, esperando, comprobando qué ocurría. Ese fue su error. No actuar inmediatamente. 
Porque afortunadamente no todo el mundo se quedó quieto. Unos pocos afortunados no habían escuchado la canción: los que vivían en zonas muy aisladas y los que tenían problemas de audición. Fueron ellos los que se organizaron e hicieron lo único que podían: apagaron el planeta. Desconectaron y desviaron la mayor parte de la electricidad del planeta, con lo que todos los aparatos electrónicos dejaron de funcionar. La canción dejó de sonar y la gente, en lugar de despertar, se tumbó a dormir.
Fue entonces cuando algunas de las naves descendieron y buscaron a los que habían hecho aquello y les hicieron una oferta que no podrían rechazar: ir con ellos. Necesitaban criaturas que no pudiesen oír, con la decisión y el arrojo necesarios para una misión que podía salvar el universo. Muchos se fueron. Los que se quedaron no contaron nada más. 
Después de aquello las naves desaparecieron y que la gente despertó. De vez en cuando uno de esos vídeos reaparece, siempre sin música. y la gente sorda los mira y sonríe. Saben de dónde vienen. Saben lo que significan. Pero prometieron no contarlo y son muy buenos guardando silencio.

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Ha pasado el mes de Agosto sin cuentos, pero aquí estamos de nuevo con nuevas ideas e historias. También empieza de nuevo el concurso de Relatos en cadena. Habrá que trabajar para intentar llegar de nuevo a la gran final y repetir la experiencia.

En cuanto a este cuento, espero que os haya gustado. Espero vuestros comentarios y opiniones. Gracias!

viernes, 24 de julio de 2015

Cuento: Los duendes del arcoiris

—¡Rápido! ¡Despierta! —gritaban los duendes del arcoiris con sus voces agudas mientras sacudían a la niña—. ¡Tienes que ayudarnos! ¡Han desaparecido los colores del arcoiris y lo han dejado en blanco! Sin ellos el arcoiris es frágil y no podremos cruzarlo para volver a casa.

La niña, sin saber muy bien qué pasaba intentó abrir los ojos. Cuando lo consiguió, vio que había unas criaturas translúcidas corriendo y gritando por la habitación. Claramente, estaba soñando.

—¿Y qué puedo hacer? —preguntó en el sueño a aquellos seres.

—Los colores se han solidificado en ceras de colores y se han escondido en cosas de tu casa. "Cada color en su color". Por favor, ¡encuéntralos!

Siguiendo la lógica del sueño, la niña se levantó y buscó. Encontró la cera roja en un cojín rojo con puntos blancos. Casi no se veía. El naranja estaba camuflado durmiendo en otro cojín, muy cerquita del amarillo, que se había posado encima de un libro de tapas de color limón. El verde se había tapado con una toalla de ese color, mientras el cian había intentado entrar en una maleta como él, pero no pudo y se quedó posado sobre la cerradura. El azul oscuro vio una camiseta planchada y se posó allí. Pero el más complicado fue el morado. La niña tardó mucho rato en encontrarlo hasta que recordó los pantalones de correr. Allí lo encontró, escondido y riéndose de su travesura.

Cuando los tuvo todos los duendes le esperaban con un enorme papel.

—Dibuja nuestra casa —le dijeron con sus voces chillonas— y pinta el arcoiris que llega hasta ella. Pero píntala bien bonita.

La niña se esmeró, pintó y dibujó hasta que la casa y el arcoiris estuvieron listos. Usó todos los colores para hacer la casa más preciosa que pudo imaginar y, cuando acabó, se lo enseñó a los duendes. Ellos la miraron y asintieron. Entonces dejaron el papel apoyado en una pared, sacaron sus varitas mágicas de todos los colores con estrellas brillantes en la punta y cantaron y bailaron alrededor del dibujo. Rayos multicolor rebotaron en las paredes, en los cojines y en los armarios cambiando los colores de todo lo que había a su alrededor, hasta que, de repente, la música paró y la luz se apagó. El dibujo ahora era real. Tenía tres dimensiones y el arcoiris era un puente que era fácil de atravesar.

—Gracias por volver a pintar el arcoiris —le dijo el último duende antes de cruzar—. Cuando nos necesites, usa esos colores para dibujar y vendremos a ayudarte. Te dejamos estos sobres que hemos ido encontrando en el camino. ¡Disfruta de tu cumpleaños!

Antes de que pudiese decir nada, el duende desapareció y el dibujo volvió a ser sólo eso. Pero los sobres estaban allí. Eran pequeños, blancos y de papel. Dentro había mensajes secretos y mapas para encontrar objetos extraños y comidas exóticas. Pero eso son otras historias que os contaré otro día de cumpleaños.



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Este cuento es una adaptación de lo que se encontró Teresa al despertar el día de su cumpleaños. Tuvo que buscar los colores del arcoiris que se habían escondido por la casa y tuvo que dibujar y pintar la casa y el camino para que los duendes volvieran a su hogar. Sé que ella disfrutó de esta historia. Espero que vosotros también.


  

viernes, 17 de julio de 2015

7 microcuentos de menos de 140 caracteres

Volvemos a la carga con micro relatos de menos de 140 caracteres. Rápidos, fugaces y con la intención de dejar pensando en todo lo que no se ha contado. Espero que os gusten:


La espera

El mago usó la varita y el conejo desapareció. 50 años después un niño encontró una chistera. Dentro, un conejo enfadado señalaba su reloj.


Profesionales

Desde que Muerte, Peste, Guerra y Hambre entendieron que ser eficientes les dejaría sin trabajo pronto, se toman con calma el Apocalipsis.


La guarida

El pirata, completamente borracho, escondió el tesoro, el mapa y las pistas en el mismo agujero y, claro, no los volvió a encontrar.


Ya lo decía Einstein

- La profecía era clara: Cuando oigas la trompeta, huye; Peste no tendrá clemencia.
- Sólo ha sido un pedo.
- ¡Ojo por ojo!
Y murieron asfixiados.


Un último abrazo

Le acariciaba el pelo con delicadeza y lloraba, sabiendo que no volvería a verlo sonreír.


Despiste

Cuando el mago se olvidó de sí mismo las cartas se perdieron, hasta que mucho polvo después un niño, de un soplido, les devolvió la magia.


Acorralada

Vigilaba asustada los ojos brillantes que la miraban desde las sombras, cuando notó el cuchillo en la espalda y un susurro en el oído: Jaque.


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Espero que hayáis disfrutado de los cuentos. Quizá lo más difícil de estos relatos tan cortos es conseguir que no queden como chistes, que tengan sentido y que produzcan alguna sensación, más allá de un simple fogonazo.

¿Cuál os ha gustado más? ¿Cambiaríais algo en alguno? Espero vuestros comentarios y, por supuesto, ¡que los difundáis por el mundo!

sábado, 11 de julio de 2015

Cuento: El coste de ir a la moda

Su peluquera le prometió un peinado explosivo y ella se dejó. Cuando le advirtió que debía guardarlo en lugares frescos y oscuros ella pensó que hablaba de algún tipo de yogur y lo ignoró.

El mediodía más caluroso del mes de julio más asfixiante del siglo, se puso el peinado. Casi inmediatamente empezó a dolerle la cabeza. Alguien la escuchó quejarse de que sentía que le fuese a estallar la cabeza. Entonces las mechas comenzaron a sisear y a echar chispas y humo. Aquello la convirtió en el alma de la fiesta, hasta que alguien se dio cuenta, demasiado tarde, que se estaban consumiendo.

La estampida fue de traca, con todo el mundo huyendo mientras ella trataba de quitarse aquellos pelos. Por supuesto, nadie se acercó a ayudarla con semejante petardo y la fiesta no tardó en estar completamente vacía.

Eso sí, años después la gente todavía felicita a la peluquera por aquellos maravillosos fuegos artificiales.

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En esta semana que ha tenido lugar la final de Relatos en Cadena. Una semana donde el calor y los cuentos han sido protagonistas. Una semana que tenía que acabar con un relato explosivo.

Disfrutad de la traca y, si os gusta, ¡compartid!

sábado, 4 de julio de 2015

El lunes pasará algo grande

Por si no lo sabéis, el próximo lunes es la final anual del VII concurso Relatos en Cadena que tendrá lugar el lunes 6 de Julio de 2015 a las 18:00 en el programa La Ventana de la Cadena Ser. Allí voy a conoceré al resto de finalistas, a Javier Sagarna, a Benjamín Prado, a Carles Francino y, yo qué sé, a quien se cruce en el camino.

Por el camino la compañera bloguera Laura me ha encargado que haga fotos para ayudar a hacer una crónica. ¡Veremos qué puedo hacer!

Si tenéis curiosidad aquí podéis leer los relatos finalistas, visitar las páginas de sus autores y comentar lo que queráis.

Un placer y hasta que el lunes nos escuchemos en las ondas. Recordad la regla nemotécnica: el 6 del 7 de 6 a 7 de la tarde.

viernes, 3 de julio de 2015

Cuento: Procastinador profesional

- Mañana lo haré - contestó Juan con desgana sin levantarse de la hamaca que había improvisado.
- ¡Ya cantó mañana el niño! - dijo Jose Luis negando con la cabeza -. Llevas más de una semana diciendo lo mismo y nunca lo haces. Te sientas ahí todo el día y no das un palo al agua.
- Eso no es cierto - dijo sin mover un solo músculo -. Ya está todo en marcha. Simplemente, no queda nada urgente o importante por hacer. No hay prisa.
- ¡Pues hazme el informe económico de ventas del mes pasado, maldito cantamañanas!
- Mira a tu alrededor, Jose Luis - contestó Juan suavemente levantándose y cogiendo por los hombros al señor bajito y calvo que tenía delante y que trataba de parecer digno vestido con los restos de un traje de chaqueta que en otro momento había sido oscuro -. Estamos en una isla, solos y apartados de cualquier ruta marítima. Todos creen que estamos muertos. Gracias al estanque y al huerto que he plantado tenemos agua y comida en abundancia. ¿Para qué quieres ese informe? ¿A quién se lo piensas entregar?
- ¿Y si vienen a rescatarnos y nos lo piden? - preguntó desesperado, metiéndose algo en la boca -. ¿Qué les diremos?
- Ven, siéntate conmigo aquí a la sombra - contestó Juan quitándole con cuidado unas bayas de color sospechoso de las manos y tirándolas a un lado -. Sólo hay que decirles que mañana se lo entregamos. Estoy seguro de que lo comprenderán.

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Lola Piera me pidió un cuento que contuviese una sola palabra: cantamañanas. Pero claro, poner sólo ese adjetivo descalificativo es muy sencillo, así que se me ocurrió buscar la etimología. Sí, está en la segunda línea del relato. Curioso que una frase hecha acabe como una palabra, ¿verdad?

Y, por supuesto, el lunes pasarán cosas. Pero antes espero vuestros comentarios y vuestras palabras para nuevos cuentos