¿Qué se puede decir de esta película que no se haya dicho ya? A mí me encantó. Una historia intimista sobre unas niñas, un bosque y los habitantes del mismo creada por la Ghibly con todos los rasgos característicos que tiene esta productora cuando Hayao Miyazaki está detrás: un diseño de personajes excelente que combina personajes monos, graciosos, intrigantes y, sobretodo, muy imaginativos. Una música que empuja cada escena en la dirección que corresponde y que podrías escuchar una y otra vez mientras estás trabajando (a veces lo hago).
A diferencia de La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro o Nausicaa del Valle del Viento, en esta historia no importa qué ocurre, sino cómo ocurre. Tiene esa magia alrededor que, cuando acabas, tienes la sensación de que no te han contado nada, pero es una nada tan bonita...
Pues eso, una de esas historias que merecen ser vistas y disfrutadas con paciencia y sin esperar nada de ellas.
lunes, 14 de mayo de 2007
Mi vecino Totorio
Nueva Sección: Anime
Ícaro me pidió el el primer comentario de esta bitácora que hablara sobre anime. No soy ningún experto, pero me gusta ver 'dibujitos' tan a menudo como puedo.
También la señorita McGregor me pidió hace tiempo que le recomendara algo de anime para empezar. Difícil decisión cargada de responsabilidad.
Por lo pronto, voy a abrir una sección en la estantería que será anime y donde iré dejando cositas que parezcan interesantes.
Os informaré en el futuro.
Atención, pregunta
- Oye, ¿por qué dejaste de escribir la historia del laberinto?
- Porque veía que le faltaba algo y me dí cuenta que la solución era volver a empezar.
- A ver. ¿Tú sigues Lost? ¿Cuántas veces crees que los guinistas de Lost han querido volver a empezar?
(risas)
- Sabes, este es el tipo de comentario que podría poner en la bitácora.
jueves, 10 de mayo de 2007
Reloj
Tic, tac, tic, tac. Desde el pasillo oigo el reloj. Oigo el mecanismo y su sonido característico. Sé que la madera de la caja es lisa y suave como un ataúd, que las horas son simples rayas blancas pintadas, que las varillas, recargadas flores de metal, imponen su hora al tiempo. Recuerdo los grabados que adornan el péndulo dorado sin haberlos visto. Los he soñado, permanecen en mi memoria, me hipnotizan, me han traído hasta aquí.
Sé que sólo la puerta nos separa y siento miedo por primera vez. Pego mi oído a la madera y cierro los ojos. Quiero escuchar su mensaje. Tic, tac, tic, tac. Muevo el pomo y la puerta se abre de par en par, en silencio. No quiere interrumpir la música del mecanismo. Abro los ojos y veo el reloj por primera vez. Su madera oscura absorbe la luz para que sólo el péndulo sea importante. Va de un lado a otro, imparable, impasible, inexorable. Paso a paso me acerco respondiendo a su llamada.
Me paro frente a él, abro la puertecita de cristal, alargo la mano, extiendo los dedos y detengo el balanceo. Ahora, al fin, veo la última inscripción, grabada justo en el centro del disco dorado: una cara que me mira con asombro. Mi cara.
Asustado, trato de volver a ponerlo en movimiento, pero no puedo. Oigo la puerta cerrarse de golpe y sé que no volverá a abrirse, así que voy a la única ventana que veo tan rápido como puedo para pedir ayuda, pero no llego a gritar nada. Lo que hay al otro lado me paraliza: veo la habitación desde dentro del reloj. Me veo entrando por la puerta y acercándome al cristal. Veo mi otra mano abriendo la ventana y, al tocarme con los dedos, mi corazón se para.
martes, 8 de mayo de 2007
Temporizando
Quedaban 10 segundos. Sabía qué cable debía cortar pero, para darle emoción, esperó al último momento. Le encantaban ese tipo de películas.
La bomba estalló cuando el reloj llegó al 3.
viernes, 4 de mayo de 2007
El hacedor de frases
Solía llevar una libreta en la que apuntaba frases. Eran frases llenas de magia, síntesis de profundas reflexiones que llevaban a entender el sentido de la vida. Aquellas palabras dibujaban sencillos caminos hacia la felicidad y ayudaban a recorrelos.
Pero era tímido y tenía miedo. Miedo de que alguien robara sus ideas. Miedo de que se rieran de él por lo que pensaba. Miedo de que alguien le lanzase a la cara que, si alcanzar la felicidad con aquellas sentencias era tan sencillo, por qué su autor era incapaz de sentir alegría.
Por eso, aunque nunca dejó de cazar ideas y nunca permitió que ninguna se desvaneciera en su mente sin ser escrita, nunca nadie las vio. Tampoco él las utilizó, pues sabía mejor que nadie que cada frase es el camino de una persona y tenía la esperanza que quizá, algún día, alguna de ellas le llevara al suyo.
Pasaron los años y un día la muerte llamó a su puerta. Cuando la acompañaba donde quiera que le llevara, vio a su hijo coger su libreta y cómo, entre el dolor y las lágrimas, aparecía una sonrisa. En aquel último momento supo que había encontrado su camino y que había llegado a la felicidad.
jueves, 3 de mayo de 2007
Odio e ira
Hoy, al llegar a clase, he descubierto que había perdido el estuche. He ido a consergería y allí estaba, casi intacto. Había perdido peso de una forma que ya querrían los de 'Cambio radical'. Faltaban varias cosas: dos memorias USB con trabajos y apuntes, una pluma que me regalaron y con la que compartido muchas historias, una goma de borrar que traje del último viaje a Barcelona y los recambios del portaminas.
Cuando he visto lo que faltaba, he intentado recordar dónde podía haberlo perdido. Vacío. Mis compañeros dicen que me vieron guardarlo todo. ¿Me lo quitaron? No lo sé. A pesar de todo, hay que ser ruín para robar las recargas del portaminas.
Soluciones: he enviado un correo por si un alma caritativa me devuelve la pluma y los datos. Los objetos sólo son dinero, pero los sentimientos y el trabajo no tienen precio. Dentro de un rato empapelaré la facultad.
PD: Mierda. Acabo de recordar que en las memorias también estaban los cuentos que estaba escribiendo. Se me ha contraído el estómago y me han dado ganas de gritar.