domingo, 4 de diciembre de 2011

Por qué se dice "EL agua" y no "LA agua" si el agua es femenino

...y sin embargo sí se dice LA anciana.

Pues por que tanto agua como águila empiezan con A tónica, lo que produciría una cacofonía si pusiésemos la agua, una agua o aquella águila.

A pesar de llevar el artículo masculino, el agua y el águila siguen siendo femeninas y para comprobarlo, ponedle un adjetivo y lo veréis:

El águila roja
El agua turbia

En plural, como no hay riesgo de cacofonía, no hace falta hacer estas cosas.

Sin embargo, en los indeterminados se pueden usar las dos formas, esto es, alguna águila o ningún águila, mientras para los demostrativos lo correcto es decir aquella agua o esta agua.

Gracias Sergio por hacerme recordar esto, aunque el cuento estaba bien :P

Aunque hay muchas referencias en la web. Quizá la más completa sea esta.

PD: esto no tiene nada que ver con el laísmo, que es otra cosa.

jueves, 1 de diciembre de 2011

martes, 29 de noviembre de 2011

Un nuevo día, un nuevo cuento

Y ya van unos cuentos.


El de hoy es un Espectáculo, aunque no sé si es espectacular ¿De verdad a nadie más le da mal rollo?

jueves, 24 de noviembre de 2011

Frío

Nuevo cuento en el reto "Un día, un cuento, una ilustración". Hoy, Frío

Seguimos vivos

Llevo muuucho tiempo desaparecido. Desconozco si alguien todavía seguirá este blog.


Llevar desaparecido no implica que no esté haciendo nada. De hecho, es justo lo contrario. Estoy implicado en varios proyectos secretos que irán apareciendo poco a poco y en un proyecto que es completamente público. Un reto lanzado por Teresa Cebrián: un día, un cuento. El trato es el siguiente: yo escribo un cuento, ella lo ilustra. De momento llevamos desde el 11 del 11 del 11 sin parar. Os dejo el enlace al primero y os invito a que los leáis y comentéis.


PD: si os gustan sus ilustraciones, hay reproducciones por precios muy asequibles. Si no encontráis, preguntad :)


viernes, 27 de agosto de 2010

Desde Sabiñánigo...

Partiendo de un ejercicio, un cuento nuevo, que hace mucho que no escribía nada. Ya contaréis qué os parece.


Nombres

El semáforo se puso en rojo y la conductora del autobús detuvo el vehículo. Cerró los ojos un instante, respiró hondo y miró por el retrovisor. Quedaban cinco personas por llevar a destino. Miró en sus ojos y vio sus nombres. No el que les habían puesto sus padres, sino el que dice tu cara que deberías tener. Así, sentada tras él, una "Susana" estaba leyendo un libro que, a juzgar por su cara, no era muy interesante, pero que tenía que acabar. Aquello olía a examen de literatura. Delante de la puerta trasera, un "Manuel" y un "Javier" hablaban sobre algo Realmente Importante. Probablemente, cómo cambiar el mundo o el partido de fútbol del sábado. Por su edad, probablemente pensaban que se podía llegar conseguir lo primero a través de lo segundo. O peor, que hablando de los segundo se podía conseguir lo primero. Por último, de pie frente a la puerta, listo para salir corriendo, un "Ruperto" vestido de Armani, repeinado para atrás por la lengua de una vaca y con maletín negro muy caro que miraba la hora. Llegaba tarde. Su excusa sería que su coche se había estropeado y había resultado imposible conseguir un taxi. Llegaba muy tarde. Su jefe le iba a despedir. Llegaba excepcionalmente tarde. El Armari no parecía del todo original. Pobrecillo. Le hubiese gustado llamarse "BorjaMari", pero le faltaban influencias, dinero y mucha altivez. Definitivamente, iba a llegar demasiado tarde.

Entonces me miró a mí. Desconozco el nombre que vio en mis ojos, pero sonrió. ¿Entendió que yo lo sabía? Antes de que pudiera reaccionar el semáforo se puso en verde, ella dejó de mirar y el autobús arrancó sin que nadie más se diera cuenta de nada.

Pasaron las paradas, gente subió y bajó y ella los nombró, uno a uno, descubriendo su otro yo, ese que ni ellos conocen. Cuando llegó mi parada me estaba mirando por el ommipresente retrovisor.

- Pepe - me dijo -, cuando lo escribas, pon bien mi nombre.

- Lo intentaré - le contesté. Para impresionarla quise ponerle uno en aquel momento, pero no supe encontrar uno apropiado. Me quedé en blanco. Sólo pude sonreír y bajarme. Me quedé de pie en la parada hasta que el autobús desapareció.

He vuelto a esa línea muchas veces y no he vuelto a verte. No tuve una segunda oportunidad o una pista. Sólo un recuerdo, tiempo y un montón de intentos fallidos. Después de tanto tiempo, estés donde estés, Sela, este relato va por ti.

Espero haber acertado.